Disculpe si mi cantito lo altera
y no lo deja pensar en lo bueno del poema.
Disculpe si le he roto las macetas,
las ventanas y en el jardín, las verbenas.
Disculpe este gran atrevimiento:
el de usar su bicicleta y dejarla a cielo abierto.
Disculpe a mis dos manos traviesas
pues le han llevado el libro que estaba sobre su mesa.
Disculpe a mi boca que con toda la osadía,
le ha leído por la noche a mi madre, sus poesías.
Disculpe mis grititos que asustaron a su gato
y por haberle escondido en el agua los zapatos.
Disculpe mis travesuras
son parte de mi inocencia
y se curan con palabras
y con algo de paciencia.

Poesía: Elizabeth Carpi (Argentina)
Ilustración: Inés Hüni (Argentina)


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